De pasiones y deseos: un comentario al Curso de E.A.

De pasiones y deseos. El psicoanálisis en el siglo

Inés García Urcola

El curso breve “De pasiones y deseos. El psicoanálisis en el siglo”, dictado por Enrique Acuña entre febrero y marzo de este año, fue la ocasión para salir del sopor veraniego que suele invadir a la ciudad en esa época, así como para la inauguración del Programa de Enseñanzas 2019 del Instituto Pragma.

Cuatro clases en las que el docente, orientado por cuatro términos –pasión, pulsión, deseo y afecto-, realizó una lectura de las referencias filosóficas en las que se sostienen dichos términos y de las que se valieron tanto Freud como Lacan desde el psicoanálisis. Una lectura marcada por el espíritu crítico, que lejos de la demostración de erudición nos permite dar paso a la argumentación en el debate actual acerca del síntoma social.

Si, como lo anunciaron Freud y Lacan, el psicoanálisis no tiene su porvenir asegurado, es necesario pensar qué política conviene poner en juego en la ciudad. El docente señaló la inscripción de Freud y Lacan en el debate de las luces, aquel que comienza con el nacimiento de la ciencia y mantiene su actualidad. Más allá del marketing que impone sus significantes amo, se trata de leer el síntoma social primero, para luego dar lugar a la explicación y argumentación.

Para introducir el tema Enrique Acuña se refirió al legado de Germán García a partir del curso dictado en el Centro Descartes en el año 2000 sobre “La clínica y el lenguaje de las pasiones”. No se puede estar apasionado si no es por la vía del lenguaje, el lenguaje moldea las pasiones a través de una retórica, en Freud bajo el modo de los mecanismos de defensa, en Lacan en los tropos del lenguaje. En esta dirección es que podemos hablar de formas retóricas de las pasiones o de las pasiones como formas retóricas con las que se viste la pulsión. Se podría así hacer una serie en la que encontramos una pasión política ligada a la pulsión oral, una pasión religiosa ligada a la pulsión invocante o una pasión amorosa ligada a la pasión escópica.

Por otro lado, hablar del lenguaje de las pasiones permite salir de una concepción de la pasión como mecanismo de un cuerpo emocional, que respondería a un estímulo externo sin mediación del lenguaje -por ejemplo en los argumentos de emoción violenta vinculados al discurso jurídico o de una clínica de las impulsiones basada en el condicionamiento de las conductas y el binomio cerebro mente- para introducir otra causa, ya no externa sino externa-interna o éxtima. Así la pasión se conecta con el trauma, como aquello que afecta y produce como efecto la división del sujeto, que ante la señal de angustia pone en marcha los mecanismos de defensa freudianos que a su vez moldearán las pasiones. Freud, en el debate de la ciencia que toma el estímulo-respuesta, introduce la posibilidad de una clínica de las pasiones que apunta al deseo inconsciente.

El curso breve planteó un recorrido por las referencias filosóficas que implican las nociones de pasión, afecto y deseo, subrayando que el cuarto término –la pulsión- es estrictamente freudiano.

Pasión                   Pulsión

Lenguaje

Deseo                   Afecto

Entonces el debate de las luces y el surgimiento, con Descartes, de un sujeto dividido entre red extensa y red cogitans. En el Tratado de las pasiones del alma Descartes habla de la pasión del deseo como una “agitación del alma causada por los espíritus que la disponen a querer para el futuro cosas que se representan como convenientes”. Lo conveniente, tanto en Descartes como en Spinoza es pensado en términos de composición social. Pero Spinoza no planteará las pasiones en relación al cuerpo o al alma sino a la naturaleza de Dios, entendida como sustancia que se encuentra en cada una de las cosas.

El llamado por algunos “panteísmo” del filósofo que fue excomulgado de la religión judía no refiere a un Dios en el cielo sino a una naturaleza de las cosas, causa sui, el deseo como potencia o conatus. Hay una sustancia primera cuya esencia es la existencia, deseo de ser, de perseverar en el ser. Esa sustancia tiende a realizarse como un ser con atributos o modos del cuerpo y el alma. Estos modos del cuerpo y el alma a su vez pueden atribuirse a una causa externa o a una causa de sí. En el primer caso lo que se engendra son las pasiones tristes, en las que se sufre la causa del otro, se está en la servidumbre, se pierde la libertad y se debilita la potencia. En el segundo caso tenemos las pasiones alegres, en las que la causa del otro se vuelve causa de sí, se trata del gay saber o la alegría de tener razones para mi causa. Con esta orientación se podría poner a las pasiones ligadas a un yo que padece versus la operación que, en la experiencia analítica, permite ir al deseo inconsciente como lo que persevera en el ser, lo no realizado.

Enrique Acuña señalará cómo, en su Ética demostrada según el orden geométrico, Spinoza propone un esfuerzo de formalización de una geometría de las pasiones que permita la posibilidad de que ese cuerpo y alma, de acuerdo a su dispositio, se encuentre con lo que, como decíamos anteriormente, le conviene.

De estas consideraciones se pueden desprender diversos debates, preguntas y respuestas. Por subrayar solo algunos de los desarrollados en el curso y que quedaron resonando podríamos hablar del camino que propone Spinoza hacia el deseo como causa de sí y vinculado a un saber alegre, en relación al viaje de la conciencia propuesto por Hegel desde la conciencia de sí hacia un saber absoluto atravesado por la idea del deseo como deseo de deseo. En un análisis este viaje hegeliano implicaría ir de las pasiones del yo al deseo como deseo del Otro.

Así mismo la confrontación del deseo como potencia al deseo como carencia sartreano fue otra referencia tomada por el docente que nos permite pensar un pasaje en Lacan de la carencia del ser a un inconsciente no realizado, y al concepto de repetición –tyché y automaton-  ligado al buen o mal encuentro.

Por último creo importante destacar brevemente que a lo largo del curso se mostró una  operación que realiza Lacan sobre las referencias filosóficas. Tanto en Descartes como en Spinoza, Hegel y Sartre se trata de un recorrido en el que “lo que conviene” implica a la composición social. El psicoanálisis verifica en su práctica que el goce de cada uno no es democrático, que hay un sujeto que decide, aunque se trate de una decisión paradójica, qué lo afecta. El camino del análisis implica ir de la retórica de las pasiones en las que el sujeto se satisface, hacia un saber como dispositio en cuyo límite se halle la singularidad, donde el parletre o serdiciente se realice en un decir en el que invente un significante nuevo.-

Publicado por

Enrique Acuña

*Médico, psicoanalista, escritor. Autor de diversos artículos y libros. (Ensayos: Resonancia y Silencio, Vidas pulsionales, Curarse del lenguaje, Paradojas del objeto en psicoanálisis, entre otros). Director de las revista gráfica "Conceptual" y virtual "Analytica del Sur". Director de enseñanzas del Instituto PRAGMA-APLP. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y E.O.L. Reside en la ciudad de Buenos Aires; Argentina.-

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