UNA RETÓRICA ATRAPA AFECTOS: LACAN CON SPINOZA . El Otro del desengaño –Seminario C.A.B.A. 2019 de Enrique Acuña Comentario de la clase 4 de mayo de 2019 Una retórica atrapa afectos: Lacan con Spinoza Por Verónica Ortiz Tal la red que usó en esta oportunidad Enrique Acuña para circunscribir aquel “afecto” que implica “ausencia de la red” del lenguaje: la angustia. Aventura de funámbulo, como advertía Lacan en su décimo seminario. Un filósofo, un poeta, un analista; red-urdimbre de saberes que dicen sobre la angustia pero que no se teje, podríamos agregar, sin un análisis. -I- YO PASION PULSION 1-demanda ser 2-fantasma Otro DESEO AFECTO 1–engaña (más-sentido) SINTOMA objeto (a) 2-no engaña (sin-sentido) ANGUSTIA Partimos de cuatro conceptos: pasión, deseo, pulsión y afecto. Las pasiones pueden ser las del Yo (Freud- amor, odio, ignorancia) o las del Ser (filosofía: pasiones del alma, Descartes; pasiones del ser, Spinoza). Estas pasiones del Yo y del Ser se encuentran con algo que las gobierna desde el inconsciente, como Otro. No solo se juega la relación imaginaria al otro sino la relación simbólica al Otro, campo del deseo y de su objeto que desde la pulsión se desprende luego a un afecto que no engaña, la angustia. Esto se conecta al concepto freudiano de pulsión, en tanto empuje. Y de ahí se causa un afecto. Del lado de la pulsión, se escribe: 1- el matema escrito en el grafo del deseo, es decir, la pulsión implica la demanda, algo del inconsciente tiende a realizarse y 2- un objeto atrapado en el fantasma. De ahí, el afecto: la metáfora del síntoma, que engaña (+ sentido) la mentira que permite le sintoma alivia de lo real; y lo que no engaña, la angustia en tanto sin sentido. Lacan utiliza el término de angustia como lo que no engaña, de ahí el título del seminario “Los desengañados erran” (Les nondupes errent). ¿Cuál es el Otro del desengañado? Tengamos en cuenta que el desengañado no es el que no se apasiona por nada. Se trata de otra cosa. Todo lo articulado en el grafo del deseo muestra una red tórica, una retórica, el lenguaje. Ejemplo: un crimen pasional es explicado con frecuencia como emoción violenta, puro acto, no hay ningún sujeto. De distinto modo, como psicoanalistas siempre apelamos a que lo sucedido como hecho sea dicho: lo empirico se transforma en un relato que es una pregunta del ser en el lenguaje, sin lo cual no seríamos más que meros observadores de hechos físicos.- -II- Borges y Spinoza […] Alguien construye a Dios en la penumbra. Un hombre engendra a Dios. Es un judío de tristes ojos y de piel cetrina […] […] No importa. El hechicero insiste y labra a Dios con geometría delicada; desde su enfermedad, desde su nada, sigue erigiendo a Dios con la palabra. […] Jorge Luis Borges Para Spinoza (recordemos que le valió la segregación de la comunidad judía debido a su “panteísmo”) Dios es una sustancia viva, una sustancia primera cuya esencia es la existencia, que tiende por la conatus– deseo como potencia a “perseverar en el ser”; a expandirse, tal como el agua se expande por naturaleza al derramarse sobre el suelo. De aquí la pregunta que formula Acuña en la argumentación del presente seminario: “¿Cómo dice cada uno de su ‘causa-cosa’ que persevera en ser desde la potencia del deseo?”. Lo entiendo así: ¿Cómo pasar de las pasiones- presentes en la subjetividad de la época- al deseo que divide a un sujeto en su soledad? ¿Y cómo – en un movimiento de reducción- decir algo sobre el resto de la operación, el “eso” de cada uno, a pesar de que “eso” se acomode mejor al silencio? Enrique comenta los párrafos iniciales de la tercera parte de la Ética de Spinoza, “Del origen y de la naturaleza de los afectos”. Explica que esta obra es un esfuerzo de formalización de una “geometría de las pasiones”, un intento de llevar los afectos a un orden razonable. Del afecto como pathos al matema. Con Descartes y Spinoza (y por supuesto, también con Lacan) se trata de un intento de situar la ciencia -la ilustracion, las Luces. Lo que era de Dios pasa a ser del hombre: el deseo, el uso del lenguaje como razón ilustrada. Spinoza junta la naturaleza y lo humano en una potencia deseante común. El agua derramada se extiende según leyes universales, está regida por la conatus, habitada por un Dios deseante; es decir, el derramarse reconoce ciertas causas y se combina con otras. También el afecto humano. Será la retórica, red del lenguaje de las pasiones, el instrumento para abordar los afectos, para darles cierta inteligibilidad. De ese esfuerzo resulta, entre otras cosas, la clasificación spinoziana de afectos “alegres y tristes”, de acuerdo a si un hombre está en lo que llama “servidumbre” o si logra acceder a la “potencia del entendimiento”. Cuando el alma se considera a sí misma y considera su potencia de obrar, se alegra. (Proposición LIII). Acuña agrega que será atravesando la servidumbre imaginaria que, al final de un análisis, alguien ceñirá, si no la potencia total de un entendimiento, sí la causa de sí, resto imposible de decir. -III- Borges y Lacan […] Libre de la metáfora y del mito labra un arduo cristal: el infinito mapa de Aquel que es todas Sus estrellas. Jorge Luis Borges Será el turno de un recorrido por algunos párrafos de los Seminarios 6 “El deseo y su interpretación” y el Seminario 10 “La Angustia” en los que Jacques Lacan introduce a Spinoza a la hora de referirse al deseo y estudia la angustia respectivamente como función positiva, como experiencia de un atravezamiento. [Seminario 6] ; Acuña explica que el deseo no es solo una libido, una energía que circula entre los cuerpos, sino una potencia a realizarse, que pone en juego algo del Uno, del ser que está en cada uno. El lenguaje no solo implica la falta en ser sartreana -carencia causal- sino que es, en sí mismo, una potencia deseante. Habíamos visto que el “bestialismo” era el nombre que Aristóteles le daba al bien de cada uno cuando no coincidía con el Bien común. De ese modo, al decir de Lacan, “los deseos son exiliados del campo propio del hombre”. Lacan ubica a Spinoza en las antípodas, como lo nuevo: “en el sentido de esa relación del hombre consigo mismo que es la del análisis tal como Freud lo constituyó.” Para Spinoza el deseo es la esencia misma del hombre, en la medida en que es concebida a partir de alguna de sus afecciones[1], dato importante, ya que de afectos se trata en su Ética. Acuña señala en este punto un distanciamiento entre el pensar filosófico y la praxis analítica: si para la filosofía el deseo es la tendencia a procurarse un placer, el problema es que el deseo está ignorado, no es una voluntad consciente, y puede no querer su bien. En la filosofía hay un pasaje de la potencialidad hacia el acto que forcluye la causalidad inconsciente. Desconoce que alguien afectado por las pasiones de la subjetividad de su época solo podrá atrapar algo de la causación significante con la red tórica que se despliega a través del método freudiano de la asociación libre. [Seminario 10] Lacan construye un cuadro para atrapar a la angustia en una red de su invención, a partir de Inhibición, síntoma y angustia, de Freud. [Ver página 22 del seminario] Con Lacan, a diferencia de los llamados posfreudianos- que abordaron los afectos por el sesgo del sentimiento- y a sabiendas que hay un sentir que miente. Acuña invita a hacer pasar la pasión por el deseo para averiguar qué resto se obtiene, qué afecta como angustia, quantum pulsional freudiano, sin representación. El síntoma engaña, es un simbólico en lo real. La angustia no engaña, es un real en lo simbólico. Persiste un problema: si la retórica está hecha de modos de decir, de redes para atrapar lo múltiple, ¿cómo captar el Uno de cada uno? Verificamos que repiquetea, que insiste, al final de la clase, la pregunta inicialmente formulada en el argumento. Parece ser que en este campo no hay respuestas estándar, sino algo a resolver en el ser en la funcion de la falta como potencia de lo no realizado. IV Desangustiar Libre de la memoria y de la esperanza, ilimitado, abstracto, casi futuro, el muerto no es un muerto: es la muerte. […] Jorge Luis Borges Finalmente, con una tercera referencia a Borges, Enrique Acuña hace a la vez dos cosas: honrar la memoria de sus muertos y brindar testimonio en acto de un saber hacer frente a la angustia, ese signo señal de lo real y el deseo, un saber hacer al des-angustiar. En una mano, un arma: el poema. En la otra, una enseñanza del psicoanálisis.- Bibliografía Spinoza, B.: Ética demostrada según el orden geométrico, Gredos, Madrid, 2011. Lacan, J.: El seminario, Libros 6 El deseo y su interpretación (pág. 16) y 10 La angustia, Paidós, Bs. As., 2014 y 2006. Borges, J. L.: Obra poética, Emecé Editores, Buenos Aires, 1964. Poemas: “Baruch Spinoza”, “Spinoza” y “Remordimiento por cualquier muerte”. García Urcola, Ma. I.: “De pasiones y deseos, el psicoanálisis en el siglo”, comentario del curso de verano 2019 de Enrique Acuña. https://seminarioenriqueacuna.com/?fbclid=IwAR3_txo7JuXK73YD1EF_qxC7JnP4Hb6s41O7FHg2mTMiysU1mKRYvembBqw [1] Spinoza, B.: “El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto que es concebida como determinada a obrar por una afección cualquiera dada en ella.” Enlace permanente del comentario https://seminarioenriqueacuna.com/2019/05/15/proxima-clase-sabado-18-mayo-11-hs-austria-2153/comment-page-1/#comment-6

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Una poética del sinthoma
Una poética del sinthoma

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UNA RETÓRICA ATRAPA AFECTOS: LACAN CON SPINOZA
El Otro del desengaño –Seminario C.A.B.A. 2019 de Enrique Acuña

Comentario de la clase 4 de mayo de 2019

Una retórica atrapa afectos: Lacan con Spinoza

Por Verónica Ortiz

Tal la red que usó en esta oportunidad Enrique Acuña para circunscribir aquel “afecto” que implica “ausencia de la red” del lenguaje: la angustia. Aventura de funámbulo, como advertía Lacan en su décimo seminario.

Un filósofo, un poeta, un analista; red-urdimbre de saberes que dicen sobre la angustia pero que no se teje, podríamos agregar, sin un análisis.

-I-

YO PASION PULSION 1-demanda

ser 2-fantasma

Otro DESEO AFECTO 1–engaña (más-sentido) SINTOMA

objeto (a) 2-no engaña (sin-sentido) ANGUSTIA

Partimos de cuatro conceptos: pasión, deseo, pulsión y afecto. Las pasiones pueden ser las del Yo (Freud- amor, odio, ignorancia) o las del Ser (filosofía: pasiones del alma, Descartes; pasiones del ser, Spinoza).

Estas pasiones del Yo y del Ser se encuentran con algo que las gobierna desde el inconsciente, como Otro. No solo se juega la relación imaginaria al otro sino la relación simbólica al Otro, campo del deseo y de su objeto que desde la pulsión se desprende luego a un afecto que no engaña, la angustia.

Esto se conecta al concepto freudiano de pulsión, en tanto empuje. Y de ahí se causa un afecto. Del lado de la pulsión, se escribe:

1- el matema escrito en el grafo del deseo, es decir, la pulsión implica la demanda, algo del inconsciente tiende a realizarse y

2- un objeto atrapado en el fantasma.

De ahí, el afecto: la metáfora del síntoma, que engaña (+ sentido) la mentira que permite le sintoma alivia de lo real; y lo que no engaña, la angustia en tanto sin sentido.

Lacan utiliza el término de angustia como lo que no engaña, de ahí el título del seminario “Los desengañados erran” (Les nondupes errent). ¿Cuál es el Otro del desengañado? Tengamos en cuenta que el desengañado no es el que no se apasiona por nada. Se trata de otra cosa.

Todo lo articulado en el grafo del deseo muestra una red tórica, una retórica, el lenguaje. Ejemplo: un crimen pasional es explicado con frecuencia como emoción violenta, puro acto, no hay ningún sujeto. De distinto modo, como psicoanalistas siempre apelamos a que lo sucedido como hecho sea dicho: lo empirico se transforma en un relato que es una pregunta del ser en el lenguaje, sin lo cual no seríamos más que meros observadores de hechos físicos.-

-II-

Borges y Spinoza

[…] Alguien construye a Dios en la penumbra.

Un hombre engendra a Dios. Es un judío

de tristes ojos y de piel cetrina […]

[…] No importa. El hechicero insiste y labra

a Dios con geometría delicada;

desde su enfermedad, desde su nada,

sigue erigiendo a Dios con la palabra. […]

Jorge Luis Borges

Para Spinoza (recordemos que le valió la segregación de la comunidad judía debido a su “panteísmo”) Dios es una sustancia viva, una sustancia primera cuya esencia es la existencia, que tiende por la conatus– deseo como potencia a “perseverar en el ser”; a expandirse, tal como el agua se expande por naturaleza al derramarse sobre el suelo. De aquí la pregunta que formula Acuña en la argumentación del presente seminario: “¿Cómo dice cada uno de su ‘causa-cosa’ que persevera en ser desde la potencia del deseo?”.

Lo entiendo así: ¿Cómo pasar de las pasiones- presentes en la subjetividad de la época- al deseo que divide a un sujeto en su soledad? ¿Y cómo – en un movimiento de reducción- decir algo sobre el resto de la operación, el “eso” de cada uno, a pesar de que “eso” se acomode mejor al silencio?

Enrique comenta los párrafos iniciales de la tercera parte de la Ética de Spinoza, “Del origen y de la naturaleza de los afectos”. Explica que esta obra es un esfuerzo de formalización de una “geometría de las pasiones”, un intento de llevar los afectos a un orden razonable. Del afecto como pathos al matema. Con Descartes y Spinoza (y por supuesto, también con Lacan) se trata de un intento de situar la ciencia -la ilustracion, las Luces. Lo que era de Dios pasa a ser del hombre: el deseo, el uso del lenguaje como razón ilustrada.

Spinoza junta la naturaleza y lo humano en una potencia deseante común. El agua derramada se extiende según leyes universales, está regida por la conatus, habitada por un Dios deseante; es decir, el derramarse reconoce ciertas causas y se combina con otras. También el afecto humano. Será la retórica, red del lenguaje de las pasiones, el instrumento para abordar los afectos, para darles cierta inteligibilidad. De ese esfuerzo resulta, entre otras cosas, la clasificación spinoziana de afectos “alegres y tristes”, de acuerdo a si un hombre está en lo que llama “servidumbre” o si logra acceder a la “potencia del entendimiento”. Cuando el alma se considera a sí misma y considera su potencia de obrar, se alegra. (Proposición LIII).

Acuña agrega que será atravesando la servidumbre imaginaria que, al final de un análisis, alguien ceñirá, si no la potencia total de un entendimiento, sí la causa de sí, resto imposible de decir.

-III-

Borges y Lacan

[…] Libre de la metáfora y del mito

labra un arduo cristal: el infinito

mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

Jorge Luis Borges

Será el turno de un recorrido por algunos párrafos de los Seminarios 6 “El deseo y su interpretación” y el Seminario 10 “La Angustia” en los que Jacques Lacan introduce a Spinoza a la hora de referirse al deseo y estudia la angustia respectivamente como función positiva, como experiencia de un atravezamiento.

[Seminario 6] ; Acuña explica que el deseo no es solo una libido, una energía que circula entre los cuerpos, sino una potencia a realizarse, que pone en juego algo del Uno, del ser que está en cada uno. El lenguaje no solo implica la falta en ser sartreana -carencia causal- sino que es, en sí mismo, una potencia deseante.

Habíamos visto que el “bestialismo” era el nombre que Aristóteles le daba al bien de cada uno cuando no coincidía con el Bien común. De ese modo, al decir de Lacan, “los deseos son exiliados del campo propio del hombre”. Lacan ubica a Spinoza en las antípodas, como lo nuevo: “en el sentido de esa relación del hombre consigo mismo que es la del análisis tal como Freud lo constituyó.” Para Spinoza el deseo es la esencia misma del hombre, en la medida en que es concebida a partir de alguna de sus afecciones[1], dato importante, ya que de afectos se trata en su Ética.

Acuña señala en este punto un distanciamiento entre el pensar filosófico y la praxis analítica: si para la filosofía el deseo es la tendencia a procurarse un placer, el problema es que el deseo está ignorado, no es una voluntad consciente, y puede no querer su bien. En la filosofía hay un pasaje de la potencialidad hacia el acto que forcluye la causalidad inconsciente. Desconoce que alguien afectado por las pasiones de la subjetividad de su época solo podrá atrapar algo de la causación significante con la red tórica que se despliega a través del método freudiano de la asociación libre.

[Seminario 10] Lacan construye un cuadro para atrapar a la angustia en una red de su invención, a partir de Inhibición, síntoma y angustia, de Freud. [Ver página 22 del seminario]

Con Lacan, a diferencia de los llamados posfreudianos- que abordaron los afectos por el sesgo del sentimiento- y a sabiendas que hay un sentir que miente. Acuña invita a hacer pasar la pasión por el deseo para averiguar qué resto se obtiene, qué afecta como angustia, quantum pulsional freudiano, sin representación.

El síntoma engaña, es un simbólico en lo real. La angustia no engaña, es un real en lo simbólico.

Persiste un problema: si la retórica está hecha de modos de decir, de redes para atrapar lo múltiple, ¿cómo captar el Uno de cada uno? Verificamos que repiquetea, que insiste, al final de la clase, la pregunta inicialmente formulada en el argumento. Parece ser que en este campo no hay respuestas estándar, sino algo a resolver en el ser en la funcion de la falta como potencia de lo no realizado.

IV

Desangustiar

Libre de la memoria y de la esperanza,

ilimitado, abstracto, casi futuro,

el muerto no es un muerto: es la muerte. […]

Jorge Luis Borges

Finalmente, con una tercera referencia a Borges, Enrique Acuña hace a la vez dos cosas: honrar la memoria de sus muertos y brindar testimonio en acto de un saber hacer frente a la angustia, ese signo señal de lo real y el deseo, un saber hacer al des-angustiar. En una mano, un arma: el poema. En la otra, una enseñanza del psicoanálisis.-

Bibliografía

Spinoza, B.: Ética demostrada según el orden geométrico, Gredos, Madrid, 2011.

Lacan, J.: El seminario, Libros 6 El deseo y su interpretación (pág. 16) y 10 La angustia, Paidós, Bs. As., 2014 y 2006.

Borges, J. L.: Obra poética, Emecé Editores, Buenos Aires, 1964. Poemas: “Baruch Spinoza”, “Spinoza” y “Remordimiento por cualquier muerte”.

García Urcola, Ma. I.: “De pasiones y deseos, el psicoanálisis en el siglo”, comentario del curso de verano 2019 de Enrique Acuña. https://seminarioenriqueacuna.com/?fbclid=IwAR3_txo7JuXK73YD1EF_qxC7JnP4Hb6s41O7FHg2mTMiysU1mKRYvembBqw

[1] Spinoza, B.: “El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto que es concebida como determinada a obrar por una afección cualquiera dada en ella.”

Publicado por

Enrique Acuña

*Médico, psicoanalista, escritor. Autor de diversos artículos y libros. (Ensayos: Resonancia y Silencio, Vidas pulsionales, Curarse del lenguaje, Paradojas del objeto en psicoanálisis, entre otros). Director de las revista gráfica "Conceptual" y virtual "Analytica del Sur". Director de enseñanzas del Instituto PRAGMA-APLP. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y E.O.L. Reside en la ciudad de Buenos Aires; Argentina.-

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