El Otro del desengaño. De la ética del amo a la demostración integra del deseo como metonimia. Milena Nucciarone. Se inaugura el quinto año consecutivo del Seminario de Enrique Acuña. Se establece teniendo como antecedente el curso breve “De pasiones y deseos: el psicoanálisis en el Siglo”. Para iniciar se puntúa que las pasiones, se encuentran ellas mismas como hecho social siendo, a través de la acción del analista lacaniano, como se convierten en pasiones políticas en términos de subjetividad de la época. Que como tal de lo que se trata de ver en la subjetividad de la misma depende de que individuo se tome. En tanto como pasar del hecho (social) a lo dicho en el diván analítico, presentando así su singularidad, distinta a lo que formaría parte por ejemplo del síntoma social. En este punto cabe el interrogante acerca de que es lo que hace que alguien no se identifique a la masa, ya que de lo que se trata es de estar en la masa, pero a la vez tener un sueño en tanto manifestación del inconsciente. Ahora bien, el presente título del seminario se nomina El Otro del desengaño, pero ¿Quién es ese Otro y ante que esta desengañado? ¿Cuál es el desengaño? En esto hay un detalle: la experiencia de la angustia, que como tal, es siempre inédita y funciona para cada caso. La angustia, afecto por excelencia, bajo el cual tengo certeza de que me está ocurriendo, signo de lo real, es aquel que no engaña. En oposición al síntoma analítico que si engaña; con la equivocidad del significante mediante. Recordemos los 4 términos conectados por el lenguaje para tocar lo real de la angustia: PASION PULSION DESEO AFECTO Para hablar del deseo el docente recurre al Seminario, libro 6 de Lacan “El deseo y su interpretación”, allí va a partir de referencias filosóficas. En primer lugar, se tomará a Aristóteles, para el cual habría una ética del bien, con un bien supremo como máxima y el bien particular de cada uno, esto podría terminar en un bestialismo en tanto la no convergencia entre el objeto de placer y el del conjunto de la ciudad. Para el, el deseo tenía que si o si ir hacia el bien. Esta no convergencia para Lacan, será la demostración integra del deseo, su máxima expresión, ubicando el deseo en el conflicto siempre entre el bien y el placer. Se plantea desde aquí que lo que se juega en Aristóteles puede leerse bajo la ética del amo, de lo que domina, como bien, en un conjunto; es decir un uso y manejo del yo, en tanto amo y señor, para dominar al deseo, de aquello que el amo puede disciplinar. El estatuto de dominio quiere decir que hay un S1 que esta ordenando, “en Aristóteles es muy claro, las cosas son muy puras: la identificación del placer con el bien solo llega a realizarse en el interior de lo que denominare una ética del amo”.1 Este conflicto entre su bien y el placer, Lacan ubicara el ser. Aquí se basará para establecer que el deseo es la metonimia del ser, del ser en falta. En tanto que es en la metonia el lugar donde se desplazan los significantes. Permitiendo así jugar con esa falta en ser en el análisis, acción del analista mediante, en oposición a lo que resultaría de la pasión de ser, recordando a la poeta Alejandra Pizarnik en tanto realizar el acto, de aquello de lo cual escribía, realizarlo en la vida: ser poeta a costas de realizar en su vida todo eso que escribía en su poesía. Acerca de la falta en ser dice Miller, en “Los signos del goce”, el neurótico siempre se justifica, no verifica, siendo la justificación, la pasión del neurótico para restituir su falta en ser, en términos de otro ser. Recurriendo a las antípodas de la tradición filosófica Lacan tomará a Spinoza, a quien le adjudica la novedad en el asunto: El deseo es la esencia misma del hombre. Enrique Acuña advierte en este punto que la filosofía como tal trata todo el tiempo de lograr un conocimiento sobre el ser, habiendo así una pasión por conocer, en tanto ontología. Por su parte, el Psicoanálisis trata de saber sobre el deseo, no al modo de conocimiento del yo, ni ejercicio del mismo. Lacan retoma a Spinoza para hablar de las pasiones, siendo el primero que hablo de los afectos: es con Baruch De Espinosa (1632-1677) aquel judío excomulgado de Ámsterdam, a sus 24 años, pionero en la filosofía moderna racionalista, perteneciente a la época pre ilustrada con que Lacan hace una operación sobre su referencia. De la” Ética demostrada según el orden geométrico” con la matemática como modelo de conocimiento científico, ética que escribe al modo geométrico, como un libro escrito a partir de definiciones, axiomas postulados, proposiciones y teoremas; colorarios, escolios, con un trabajo de deducciones lógicas; un conocimiento lógico que se vuelve ontológico. De esa figuración de la matemática Lacan construye un Grafo para hablar del deseo, ubicando todos los desplazamientos metonímicos, las pasiones, angustia etc. Siguiendo la secuencia de la clase, podemos suponer el presente recorrido: alguien que comienza a hablar dividido entre el placer y el bien, ante lo cual primeramente va a intentar ligarlo a lo que sería la ética del amo, como dominio de los placeres, bajo una relación imaginaria con el ideal del yo social, es la parte inferior del grafo. Hacia arriba encontramos que el deseo se liga a una demanda pulsional que divide al sujeto con respecto a lo que exige esa demanda. En la pregunta acerca de ¿Qué me quiere el Otro? siendo el Otro del desengaño la pareja del desengañado, como una x en tanto no lo sé, de ahí la angustia. A esta altura cabe la pregunta acerca de ¿Dónde está el deseo en el grafo? El deseo afirma el docente es metonimico, está en toda la circulación de mi palabra y por tanto en mi vida. El recorrido muestra de que manera y hasta qué punto terminé siendo engañado por mi propia palabra, dado que en la operación significante/significado hay un resto, un deseo como x que me remitió a una demanda pulsional, ¿Que me quiere el Otro? Que con interpretación mediante del analista, haga que vuelva a ser equivoco ese fantasma o que compruebe que esa fantasía ya no me sirve. Que es metonimico, quiere decir que se va a desplazar porque no encuentra un absoluto que le dé significado. Siendo los desengañados la presentación de la experiencia de la angustia. Angustia como señal de lo real, donde se localiza un signo del deseo. Constituyéndose lo propio del psicoanálisis, dejarse engañar por el inconsciente, camino diferente a las trampas imaginarias. – Nota -1Lacan Introducción, pág. 15. El Seminario, Libro 6 “El deseo y su interpretación”, Ed Paidós 2014 Bibliografía: -Baruch De Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Ed Orbis S.A HYSPAMERICA,1980. – Enrique Acuña: “El objeto (a)salta lo social” en Vidas pulsionales. Ed El Ruiseñor del Plata Ediciones de la Biblioteca Freudiana,2018. – Enrique Acuña: Argumentación del presente seminario. – German García: La Clínica y el lenguaje de las pasiones. Conceptual Estudios del Psicoanálisis, número 11, año 10. Ed El ruiseñor del Plata. – Jacques-Alain Miller: “La pasión del neurótico” en Los signos del goce. Ed Paidós 1998. -Lacan Introducción, El Seminario, Libro 6 “El deseo y su interpretación”. Ed Paidós 2014.

Publicado por

Enrique Acuña

*Médico, psicoanalista, escritor. Autor de diversos artículos y libros. (Ensayos: Resonancia y Silencio, Vidas pulsionales, Curarse del lenguaje, Paradojas del objeto en psicoanálisis, entre otros). Director de las revista gráfica "Conceptual" y virtual "Analytica del Sur". Director de enseñanzas del Instituto PRAGMA-APLP. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y E.O.L. Reside en la ciudad de Buenos Aires; Argentina.-

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