El Otro del desengaño. De un maestro, su seminario y el despertar en “la otra escena”. Por Marina de la Fuente . ¿Cómo autorizarse a enseñar psicoanálisis sin usar, repetida y lacónicamente, citas de autoridad?, es la pregunta con la que Enrique Acuña da inicio a una clase de su seminario anual. Propone autorizarse en el sentido de “hacerse autor” de lo que dice, de pensamientos que aun no están instalados. Animándose a la singularidad de una lectura que juega y se sirve de referencias filosóficas, poéticas y, por supuesto, psicoanalíticas. El deseo y la política se ponen en juego en el acto de enseñar. La política de los nombres propios, es la política de generar una historia a partir de un deseo. Enseñar con seriedad –dice George Steiner en su libro Lecciones de los Maestros- es buscar acceso a la carne viva, “…el maestro se dirige a la entraña misma de su oyente, se dirige al cuerpo” (1), produciendo un intercambio, una donación recíproca donde el amor no está ausente. Sucede que el maestro también tiene un cuerpo y lo pone. Aunque en francés, maestro y amo se escriben igual: maitre, no significan lo mismo. En todo caso, y por intermedio de una dialéctica, el cuerpo del maestro tiene la mancha de la esclavitud del saber que desconoce y ahí reside su acto de maestría y su prestigio. “¿Qué es enseñar, cuando lo que se trata de enseñar, se trata precisamente de enseñarlo, no sólo a quien no sabe, sino a quien no puede saber? Y hay que admitir que hasta cierto punto, aquí estamos todos bajo la misma enseña, tratándose de lo que se trata”(2). Lo interno, y tal vez más fecundo, del acto –en este caso, de enseñar- es que se desconoce a sí mismo, por eso Acuña elije hablar desde el lugar de sujeto dividido por el significante, como lo hace un analizante, interrogándose, produciendo apertura. El propio Sócrates confiesa que la sabiduría que le es atribuida por el oráculo de Delfos consiste en la clara percepción que tiene de su propio desconocimiento. “Y tú, que me hiciste conocer las estrellas y los rayos del sol Que a ti mismo te enseñas, te escrutas, te honras y te proteges, No pisaste la tierra sin ser adivinado: ¡mejor es así! “ Shakespeare El punto de partida de este seminario, está basado en la enseñanza de una articulación novedosa a partir de ubicar cuatro términos: pasión, deseo, pulsión y afecto, conectados por la red del lenguaje, para tocar lo real de la angustia. Quiere decir, que podemos acceder al efecto de la angustia a partir de estos cuatro términos. Las pasiones del Yo (freudianas): amor, odio, ignorancia ó las pasiones del Ser (filosóficas): pasiones del alma en Descartes y pasiones del ser para Spinoza, son modeladas por la red del lenguaje a través de una retórica, no se trata de quién dice sino de cómo se dice. Estas pasiones se encuentran enlazadas al inconsciente a partir de la mediación del Otro, significa que estoy mediado por Otro deseo y eso es el inconsciente. Todas las pasiones ponen en juego la causa en el Otro, pero en análisis se trata de conocer la causa de Uno. En esta dirección, Acuña recuerda que el deseo en Hegel conecta verdad y dialéctica, lo que hace posible invertir la causa: de conciencia de otro a conciencia de sí. Hegel piensa un Yo que percibe al mundo y que está en relación a objetos que debe conocer. Es una conciencia perceptiva, distinta del Yo freudiano. Esta conciencia hace su tesis, pero tiene que tener una antítesis, lo que produce la negatividad de la conciencia para llegar a una síntesis. Si bien, en Hegel, no llega a confrontarse el sujeto con su deseo, la dialéctica como técnica de discurso que pone en tensión opuestos, permite avanzar del deseo de reconocimiento al reconocimiento del deseo. En tanto hay algo que me habita y que desconozco, el Otro, ya no es una conciencia, es mi deseo no reconocido, aunque no se trata tanto de desconocer –dice Acuña-, se trata de ignorar que es más activo. Vía esta retórica, el campo del deseo se liga a la pulsión mediante el empuje a sus objetos-causa: oral, anal, escópico e invocante. La angustia emerge como el efecto que provocan estos objetos de la pulsión cuando el sujeto habla. Angustia como signo del deseo porque está siempre en una red significante que implica un relato. Quiere decir que el deseo y su objeto, desde la pulsión y por la vía del lenguaje, desprenden un afecto que no engaña, la angustia. Lacan utiliza el término angustia como lo que no engaña, lo fuera de duda. “El significante engendra un mundo, el mundo del sujeto que habla, cuya característica esencial es que en él es posible engañar” (3). Quiere decir que cuando hablamos, por la estructura misma del lenguaje, indefectiblemente nos equivocamos. Cada uno está engañado con respecto a su inconsciente. La estructura de “el Otro del desengaño” es propia de la experiencia analítica, en tanto se producen lapsus, sueños, chistes, pero no es propia del lenguaje como comunicación. El Otro del desengaño es la pareja del engañado. Para la filosofía el mundo es un cosmos. Un mundo donde todas las cosas están dispuestas como significados. En la medida en que es para muchos, es una cosmovisión que tiende a lo universal del significado, son sentidos que están coagulados, no aceptan la equivocidad. Lo que plantea Lacan es que el significado puede tener un agujero. Introduce el sueño como “otra escena” en la escena del mundo. Valiéndose en este caso de Descartes, Lacan toma el ejemplo del brujo que se pone una máscara pero no sabe cuál es la máscara que se puso y queda así engañado. Por eso dice: en la escena del mundo yo avanzo enmascarado. El cosmos es el Yo, la “otra escena” es el enmascaramiento del yo. Que los desengañados erran (Les non-dupes errent), nombre que Lacan le da a su seminario XXl, significa que hay que dejarse engañar por la máscara y avanzar así, despertando en la otra escena. Bibliografía: -G. Steiner, Lecciones de los Maestros, Editorial Siruela y Fondo de Cultura Económica, 2007. (1): página 34 -J. Lacan, Seminario 10, La Angustia, Editorial Paidos, 2006. (2): página 26 (3): página 87 -Notas del seminario “El Otro del desengaño”, E. Acuña 2019

Publicado por

Enrique Acuña

*Médico, psicoanalista, escritor. Autor de diversos artículos y libros. (Ensayos: Resonancia y Silencio, Vidas pulsionales, Curarse del lenguaje, Paradojas del objeto en psicoanálisis, entre otros). Director de las revista gráfica "Conceptual" y virtual "Analytica del Sur". Director de enseñanzas del Instituto PRAGMA-APLP. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y E.O.L. Reside en la ciudad de Buenos Aires; Argentina.-

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