Del Cosmos a lo siniestro

“El cosmos y lo siniestro” (Comentario de la clase del 18 de mayo de 2019. El Otro del desengaño -Seminario de Enrique Acuña-)
Por Mónica Francesconi

La clase comienza con un comentario sobre el uso de las “citas de autoridad” respecto de las “articulaciones nuevas que pueden hacerse al enseñar. Se cita a Lacan, a Freud… porque autorizarse en la autoridad anterior es la estructura de la autoridad. Pero no queremos condenarnos a repetir. Autorizarse es hacerse autor”. Advirtiendo que no es fácil crear algo nuevo, Enrique Acuña introduce así la idea del largo recorrido de J.Lacan hasta formular el objeto (a).

Por ejemplo en las instituciones psicoanalíticas, la credibilidad y el reconocimiento de quienes carecen de autoridad propia llegan del grupo y de la transferencia previa que dentro de éste goce el docente; si el reconocimiento está dado por las condiciones institucionales de producción y de recepción, necesariamente se recurre a la “cita de autoridad”. En cambio, la enseñanza universitaria debe ceñirse a un programa de textos “autorizados”.

¿Cómo relacionar esto -continúa- con la afirmación de Lacan de que el afecto que no engaña es la angustia y que tiene un objeto, el a, que se articula al deseo? El otro puede engañar en lo que previamente estaba instalado como pacto -la cita de autoridad, por ej-, pero la estructura del lenguaje admite el equívoco. El engaño no es del otro, sino del inconsciente -en relación al deseo-. Y sostiene: “intento hacer una enseñanza basada en la articulación de estos cuatro términos: pasión, deseo, pulsión y afecto, ligados por la retórica del lenguaje. En el esquema

PASION PULSION
______ _______
DESEO AFECTO

del lado del deseo esta el Otro; del lado de la pasión, la subjetividad de la época: el amor, el odio, la masa y otros fenómenos bien descritos en la era de la post-verdad (relato eficaz cuya consistencia proviene de una autoridad -la de los aparatos comunicacionales-, donde no habría engaño a descubrir). Pero no podemos pensar el psicoanálisis “como un observable -un crimen por ej.- Hay que introducir en esa pasión, observable como hecho, un sujeto que sea autor, que se autorice a esa escena”. He aquí la senda por donde el enseñante nos conducirá hacia el entrecruzamiento de autores y referencias teóricas con que Lacan autorizará sus ideas sobre la angustia.

DEL COSMOS AL UNHEIMLICHKEIT

En la clase del 28-11-1962 (Seminario 10), es donde mejor determina Lacan el atravesamiento de la angustia para llegar al objeto (a), subraya Acuña. Su eje central es que la angustia no engaña, porque no hay un sujeto consistente en cuanto a la verdad (adecuación ontológica). Esa verdad se construye porque hay Des-Ser (falta en ser), el “onto” -el ser-, se cae. Por lo tanto el problema de la verdad en psicoanálisis no es el de la filosofía: las cosas son equívocas respecto del otro que hay en mí.

La idea de verdad, prosigue, aparece con el sueño. Para equivocarme tengo que tener la idea de verdad de que hay otra escena: eje imaginario a-a´ (yo y otro, semejante, o la voluntad de engañar al otro). El Otro no engaña hasta que le falta algo, hay equívoco. La angustia es que falta un significante que me diga la verdad de las cosas, un significante del Otro. No hay la verdad del sueño.
a—a’
S (A/) aquí el equívoco
Otro barrado.

La idea del objeto de la angustia, el a, llegará a través de una laboriosa trayectoria, ya que como constructor de discursividad, Lacan deberá buscar referencias externas al psicoanálisis: filosofía, antropología, sociología, etc.
En principio, Lacan toma la angustia como signo del deseo, porque la angustia está siempre en una red significante; luego deberá pasar a un relato. (Mientras que en la post verdad mediática no hay relación de un significante a otro significante; el signo apela a un significado unívoco, está mal visto el lapsus.) La estructura del Otro del desengaño es propia de la experiencia analítica, no del lenguaje como comunicación.

En “Del cosmos al Unheimlichkeit” (siniestro), Lacan toma una referencia contemporánea e insoslayable: “El pensamiento salvaje”, de Claude Lévi-Strauss, y afirma que en filosofía o cualquier forma de pensar, el mundo es una cosmovisión no sólo propia de los salvajes: la idea que Lacan toma de aquí es que vivimos un cosmos cotidiano donde todo está dispuesto como significados.

Cosmos

Pasión

Tenemos un aparato mítico desde donde hacemos un cosmos. Lo es porque el significante va siempre a los significados que el mundo tiene para mí, y es una cosmovisión, porque es compartida. Requerimos de lo que Lacan llamará acá la significación de las cosas -esto es la pasión-. El Cosmos apela a lo universal, pero hay representaciones que pueden en algún momento tener un agujero, o sea que el significado queda suspendido.

Para Saussure -autoridad lingüística de la época- la palabra remite a la representación mental, que en tanto fonema (sonido) se liga a una representación (imagen). La mente entonces es el significado. No obstante, nosotros trabajamos con palabras que remiten a otro significante. Cuando esto se abre deja de ser un cosmos y aparece en el mundo un resto, el objeto a, ligado primero al unheimlich o no-familiar. Si sueño, tengo en la escena del mundo, en mi cosmos, otra escena – así llamada por Freud- respecto de mi vida cotidiana. Puede ser angustiante, perturbar el dormir, ir más allá del placer. Esa otra escena puede ser unheimlich. Entonces paso de la escena cotidiana donde la imagen i(a) se corresponde con una representación, a otra escena donde aparece la falta de un significado: S (A/) Significado del Otro barrado (no hay significado para esto = angustia)

S(A/) mi yo – tiempo 3
la otra escena donde va a habitar el a

1- “HAY EL MUNDO”
La cita pertenece a J.Lacan, y el enseñante sitúa así el primer tiempo de esa trayectoria hacia la aparición del objeto a. Amplía: hay la escena del mundo, el cosmos, representaciones, significados, cosmovisión que tiende al universal; tengo imagen, y se corresponde más o menos con lo familiar.

2- HAY ESCENA (o dimensión histórica)
La cosmovisión se opone a otra escena, del sueño por ej., cuya condición es el enmascaramiento: quien cuenta su sueño no sabe lo que está contando; en esa otra “escena del mundo”, dirá Lacan, “avanzo enmascarado” con el significante.
Este segundo tiempo, la “Escena del mundo”, viene de Descartes, donde toda representación remite a un significado = cosmos. El cosmos es el yo; la otra escena, la máscara que lleva el brujo. El brujo se pone la máscara -Lacan había tomado ya este ejemplo de L. Strauss en el sem. 9-, pero está engañado a sí mismo. No sabe que máscara lleva ni que efecto tiene sobre el otro: como operador no puede manipular al otro (no está en el aparato comunicacional).

“Avanzo” implica el concepto hegeliano de superación. Pasando de una realidad a otra avanzo… enmascarado. Les non dupes errent significa “los no engañados erran”. Hay que dejarse engañar por la máscara. ¿Engaño al otro para avanzar, o me engaño a mí? Esa otra escena -que me sacó del mundo cotidiano- es el enmascaramiento del mundo. En la escena del mundo el yo avanza enmascarado con el significante que está en la otra escena del sueño, por ejemplo, y es un significante porque es equívoco respecto de la escena del mundo. El equívoco tiende al particular, pero de él tengo que extraer algo singular, indecible, un resto inentendible, el a. El objeto a, según Lacan, va a habitar esa otra escena.

LA OTRA ESCENA DENTRO DE LA ESCENA
“El pensamiento salvaje” (1964) es la referencia que Lacan ligará sin dificultad al concepto freudiano de umheimlichkeit. “Hay el mundo… (pág.43)” concierne a lo que L. Strauss llamó razón analítica en su último capítulo “Historia y dialéctica”, donde responde desde el marxismo la idea de razón dialéctica de Sartre, diciendo que hay razones estrictamente dialécticas y otras que son analíticas. En esto Lévi-Strauss se reconoce freudiano, pues para él la razón analítica está fuera del mundo. Entonces la dialéctica hegeliana marxista de superación y avance está en el cosmos, o sea el conjunto de los significados, mientras que la “razón analítica”, que Lacan retoma, es la otra escena, la otra cosa y que “responde al juego de una estructura… combinatoria tan poderosamente articulada en L. Strauss que no haría otra cosa que coincidir con la estructura misma del cerebro -si vamos del lado del mundo- incluso con la materia, representando… tan sólo su duplicado…“ cita Acuña. (pág.43)

La dimensión de la escena del mundo, que le interesa a Lacan en tanto eje imaginario, i(a), no está presente en la otra escena donde falta el significado.

En la otra escena, no tengo más i(a), imagen que se corresponde al reconocimiento de un significado, sino que tengo la falta de significado: fórmula de la superación del i(a) es – φ (menos phi). – φ es el producto de la superación de la escena del mundo. En este tercer tiempo tengo la falta imaginaria de esa representación o representación mental de la cosa. Pero todavía Lacan no dice que falta un significante. La falta en la representación, – φ, implica otra falta, la de un significante en el Otro o falta simbólica. En el mundo faltó una representación porque se introdujo otra escena, el sueño, y en el sueño faltó una palabra que represente algo de esta escena segunda. Con – φ salgo del mundo, y del sueño salgo con un resto, el a, porque falta un significante. El tercer momento sería producto de la experiencia de una falta. ¿me angustio cuando no tengo la palabra, no tengo la imagen o cuando hago la experiencia del vacío? ¿O antes de todo esto, cuando salí del cosmos personal?

DE LA CITA DE AUTORIDAD AL AUTOR
El enseñante anuda ahora lo que resta de la clase con su introducción. “La angustia es estructurante de una falta” significa que para poder salir del cosmos tengo que hacer una experiencia del lenguaje, no solamente de la representación. Porque me falta la falta simbólica que hace que las cosas sean equívocas respecto del otro que hay en mí.

El “pensamiento salvaje” interesa a Lacan porque entrecruza lingüística, antropología y psicoanálisis, introduciendo la idea del cosmos como pensamiento totémico: el tótem no es el significante, es el significado ya coagulado ahí igual que en el mito, y me da un cosmos; en la escena del mundo el yo vive del pensamiento totémico, vive de la articulación del significado; eso es lo salvaje porque supuestamente es arcaico respecto del pensamiento racional.
Discutiendo con Sartre, Lévi-Strauss diferencia la razón analítica de la dialéctica. De poblar la historia de significados -argumenta- creeremos que a partir del pensamiento crítico podremos avanzar sobre sus representaciones: es la razón dialéctica. Sartre intenta demostrar que la razón dialéctica avanza, pero hay un punto donde algo se repite igual. No hay razón dialéctica, dirá L. Strauss, sino la razón analítica que Freud enseñó con la pulsión de muerte, ese empuje a repetir en la inercia de lo anterior -una forma de morir-. Para los antropólogos y filósofos es difícil entender que la repetición sea diferente, no idéntica.

Lacan no ha formulado todavía el concepto del objeto a, pero ubica que en el centro de la escena del mundo puede haber otra escena, donde están los totem y el funcionamiento de los mitos, que para cada uno es individual. El pensamiento salvaje es mítico en la medida en que es la apelación al significado. Esa es la invención lacaniana del mito.

Por eso Lacan vuelve a Hamlet. ¿Qué función desempeña el teatro en los mitos? Hay una escena dentro de la escena, pero no es un sueño. En esa otra escena dentro de la escena del teatro, Hamlet hace representar un guión donde se mata a un rey que sería su padre muerto. No solamente se hace una trampa para cazar la mirada del rey. El personaje que representa al rey implica que Hamlet también esta extraviado en su deseo: después de eso no puede matarlo, no sabe si quiere matarlo.

La articulación lacaniana de “El pensamiento salvaje”, ¿en qué punto es inquietante? porque no aporta ni serenidad ni tranquilidad a un cosmos ya dado, dice Enrique Acuña y cita:
“… por qué no se pone uno contento, al ver de pronto el totemismo vaciado de su contenido, que yo llamaría, groseramente y para hacerme entender, pasional—, por qué no nos alegra que el mundo esté, desde la era neolítica —pues no podemos remontarnos más atrás— tan en orden que todo no sea más que olitas insignificantes en la superficie de ese orden; en otros términos, por qué queremos preservar tanto la dimensión de la angustia. Debe haber una razón, ya que el rodeo, el camino de pasaje designado aquí entre el retorno a un cosmismo asegurado y por otra parte el mantenimiento de un patetismo histórico al que tampoco nos atenemos tanto —aunque justamente posea toda su función— efectivamente debe pasar por el estudio de la función de la angustia.

Si paso del cosmos de significado, esas pasiones que se rigen por el empuje al significado, a la construcción de mitos, a la construcción del mundo totémico, a la escena del mundo cotidiano, me preservo de la angustia. La función de la angustia es demostrar que es imposible evitar el miedo. El miedo permite hacer un montaje diferente a la angustia, evita encontrarse con lo que puede sorprender – caso Juanito, donde el animal totémico pasa a ser el significado absoluto al que no hay que llegar.

Como dice Lacan, supongamos, que lo que yo estoy evitando es encontrarme con la falta de significado, en la otra escena. Si evito encontrarme con la angustia es peor, porque ella me va a aparecer por otro lado, unheimlich, y se produce lo siniestro. Unheimlich surge donde debería estar – φ (falta imaginaria de la representación o el significado de los objetos). Cuando hay unheimlich, pura angustia, no tengo falta imaginaria del objeto, sino la pura falta. La angustia es que “me falta la falta” si entiendo que la falta es – φ. No tengo ni siquiera el – φ, que es la representación de que falta algo. ¿Cómo puedo decir no tengo representación de eso? Si lo digo, salgo de la angustia. La pasión neurótica es darle un significado a la falta; hacer no verificación, sino justificación, pondría la causa en una castración imaginaria. Es la queja histérica. En cambio, si digo “no puedo nombrar nada de lo que me pasa” pero sé que no tengo una palabra, tengo una falta en lo simbólico, un A/, donde localizo un resto imposible de nombrar: el a. Pasé del objeto a como lo no especularizable en la imagen del mundo, i(a), al a como un aparatito que salió de lo simbólico (castración imaginaria, castración simbólica y castración real). En el análisis la angustia posibilita un recorrido para saber cual es elemento de la palabra que por estructura falta.

Lacan articula acá por primera vez que más allá de ese pasaje de la angustia por la castración, la falta la representación, la palabra, el objeto es una pieza separada del lenguaje. Como los ojos en el cuento El hombre de arena, de E.T.A. Hoffman, ese objeto se puede usar, deslizar entre una cosa y otra.
En el capítulo siguiente, que veremos la próxima, Lacan habla de la función de ese objeto. La localización del objeto como pieza separada es una pieza del rompecabezas de cada uno. ¿Qué se hace con la función de la falta -eso es atravesar la angustia-? La angustia es una señal del yo, porque está emergiendo una pulsión, un signo del deseo. ¿Cómo pasar lo que está ante uno mismo, esa espera angustiosa, al interior de uno, la razón analítica de estar frente a un deseo? Ese objeto está en mi aparato de lenguaje, atrapado en mi fantasma. El neurótico lo ubica fuera de sí, en el otro, la causa puesta en los otros es una justificación (el alma bella).

Enrique Acuña nos recuerda aún que -pese a que para la antropología está muy bien defender la cosmovisión, cuestión de identidad étnica- hay un sujeto que cuando se enferma sale de la cosmovisión. Quienes no creen que las palabras pueden querer decir otra cosa, que hay otra escena, que detrás de las palabras hay otra cosa, se engañan.

Finalmente, recomienda la lectura de La angustia lacaniana, de Miller, y un artículo de Resonancia y Silencio donde él habla de cuando el contexto es el inconsciente de cada uno.

BIBLIOGRAFIA
Lacan, J.: clase 3 del Seminario 10 La angustia. Ed. Paidós 1 ed. 14 reimpr 2018. Trad, Enric Berenguer.
Enrique Acuña: Seminario El Otro del desengaño, de Apuntes y Comentarios de las clases. CABA 2019
Lévi-Strauss: El pensamiento salvaje. https://asc2.files.wordpress.com/…/el-pensamiento-silvestre…

Publicado por

Enrique Acuña

*Médico, psicoanalista, escritor. Autor de diversos artículos y libros. (Ensayos: Resonancia y Silencio, Vidas pulsionales, Curarse del lenguaje, Paradojas del objeto en psicoanálisis, entre otros). Director de las revista gráfica "Conceptual" y virtual "Analytica del Sur". Director de enseñanzas del Instituto PRAGMA-APLP. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y E.O.L. Reside en la ciudad de Buenos Aires; Argentina.-

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