UNA RETÓRICA ATRAPA AFECTOS: LACAN CON SPINOZA . El Otro del desengaño –Seminario C.A.B.A. 2019 de Enrique Acuña Comentario de la clase 4 de mayo de 2019 Una retórica atrapa afectos: Lacan con Spinoza Por Verónica Ortiz Tal la red que usó en esta oportunidad Enrique Acuña para circunscribir aquel “afecto” que implica “ausencia de la red” del lenguaje: la angustia. Aventura de funámbulo, como advertía Lacan en su décimo seminario. Un filósofo, un poeta, un analista; red-urdimbre de saberes que dicen sobre la angustia pero que no se teje, podríamos agregar, sin un análisis. -I- YO PASION PULSION 1-demanda ser 2-fantasma Otro DESEO AFECTO 1–engaña (más-sentido) SINTOMA objeto (a) 2-no engaña (sin-sentido) ANGUSTIA Partimos de cuatro conceptos: pasión, deseo, pulsión y afecto. Las pasiones pueden ser las del Yo (Freud- amor, odio, ignorancia) o las del Ser (filosofía: pasiones del alma, Descartes; pasiones del ser, Spinoza). Estas pasiones del Yo y del Ser se encuentran con algo que las gobierna desde el inconsciente, como Otro. No solo se juega la relación imaginaria al otro sino la relación simbólica al Otro, campo del deseo y de su objeto que desde la pulsión se desprende luego a un afecto que no engaña, la angustia. Esto se conecta al concepto freudiano de pulsión, en tanto empuje. Y de ahí se causa un afecto. Del lado de la pulsión, se escribe: 1- el matema escrito en el grafo del deseo, es decir, la pulsión implica la demanda, algo del inconsciente tiende a realizarse y 2- un objeto atrapado en el fantasma. De ahí, el afecto: la metáfora del síntoma, que engaña (+ sentido) la mentira que permite le sintoma alivia de lo real; y lo que no engaña, la angustia en tanto sin sentido. Lacan utiliza el término de angustia como lo que no engaña, de ahí el título del seminario “Los desengañados erran” (Les nondupes errent). ¿Cuál es el Otro del desengañado? Tengamos en cuenta que el desengañado no es el que no se apasiona por nada. Se trata de otra cosa. Todo lo articulado en el grafo del deseo muestra una red tórica, una retórica, el lenguaje. Ejemplo: un crimen pasional es explicado con frecuencia como emoción violenta, puro acto, no hay ningún sujeto. De distinto modo, como psicoanalistas siempre apelamos a que lo sucedido como hecho sea dicho: lo empirico se transforma en un relato que es una pregunta del ser en el lenguaje, sin lo cual no seríamos más que meros observadores de hechos físicos.- -II- Borges y Spinoza […] Alguien construye a Dios en la penumbra. Un hombre engendra a Dios. Es un judío de tristes ojos y de piel cetrina […] […] No importa. El hechicero insiste y labra a Dios con geometría delicada; desde su enfermedad, desde su nada, sigue erigiendo a Dios con la palabra. […] Jorge Luis Borges Para Spinoza (recordemos que le valió la segregación de la comunidad judía debido a su “panteísmo”) Dios es una sustancia viva, una sustancia primera cuya esencia es la existencia, que tiende por la conatus– deseo como potencia a “perseverar en el ser”; a expandirse, tal como el agua se expande por naturaleza al derramarse sobre el suelo. De aquí la pregunta que formula Acuña en la argumentación del presente seminario: “¿Cómo dice cada uno de su ‘causa-cosa’ que persevera en ser desde la potencia del deseo?”. Lo entiendo así: ¿Cómo pasar de las pasiones- presentes en la subjetividad de la época- al deseo que divide a un sujeto en su soledad? ¿Y cómo – en un movimiento de reducción- decir algo sobre el resto de la operación, el “eso” de cada uno, a pesar de que “eso” se acomode mejor al silencio? Enrique comenta los párrafos iniciales de la tercera parte de la Ética de Spinoza, “Del origen y de la naturaleza de los afectos”. Explica que esta obra es un esfuerzo de formalización de una “geometría de las pasiones”, un intento de llevar los afectos a un orden razonable. Del afecto como pathos al matema. Con Descartes y Spinoza (y por supuesto, también con Lacan) se trata de un intento de situar la ciencia -la ilustracion, las Luces. Lo que era de Dios pasa a ser del hombre: el deseo, el uso del lenguaje como razón ilustrada. Spinoza junta la naturaleza y lo humano en una potencia deseante común. El agua derramada se extiende según leyes universales, está regida por la conatus, habitada por un Dios deseante; es decir, el derramarse reconoce ciertas causas y se combina con otras. También el afecto humano. Será la retórica, red del lenguaje de las pasiones, el instrumento para abordar los afectos, para darles cierta inteligibilidad. De ese esfuerzo resulta, entre otras cosas, la clasificación spinoziana de afectos “alegres y tristes”, de acuerdo a si un hombre está en lo que llama “servidumbre” o si logra acceder a la “potencia del entendimiento”. Cuando el alma se considera a sí misma y considera su potencia de obrar, se alegra. (Proposición LIII). Acuña agrega que será atravesando la servidumbre imaginaria que, al final de un análisis, alguien ceñirá, si no la potencia total de un entendimiento, sí la causa de sí, resto imposible de decir. -III- Borges y Lacan […] Libre de la metáfora y del mito labra un arduo cristal: el infinito mapa de Aquel que es todas Sus estrellas. Jorge Luis Borges Será el turno de un recorrido por algunos párrafos de los Seminarios 6 “El deseo y su interpretación” y el Seminario 10 “La Angustia” en los que Jacques Lacan introduce a Spinoza a la hora de referirse al deseo y estudia la angustia respectivamente como función positiva, como experiencia de un atravezamiento. [Seminario 6] ; Acuña explica que el deseo no es solo una libido, una energía que circula entre los cuerpos, sino una potencia a realizarse, que pone en juego algo del Uno, del ser que está en cada uno. El lenguaje no solo implica la falta en ser sartreana -carencia causal- sino que es, en sí mismo, una potencia deseante. Habíamos visto que el “bestialismo” era el nombre que Aristóteles le daba al bien de cada uno cuando no coincidía con el Bien común. De ese modo, al decir de Lacan, “los deseos son exiliados del campo propio del hombre”. Lacan ubica a Spinoza en las antípodas, como lo nuevo: “en el sentido de esa relación del hombre consigo mismo que es la del análisis tal como Freud lo constituyó.” Para Spinoza el deseo es la esencia misma del hombre, en la medida en que es concebida a partir de alguna de sus afecciones[1], dato importante, ya que de afectos se trata en su Ética. Acuña señala en este punto un distanciamiento entre el pensar filosófico y la praxis analítica: si para la filosofía el deseo es la tendencia a procurarse un placer, el problema es que el deseo está ignorado, no es una voluntad consciente, y puede no querer su bien. En la filosofía hay un pasaje de la potencialidad hacia el acto que forcluye la causalidad inconsciente. Desconoce que alguien afectado por las pasiones de la subjetividad de su época solo podrá atrapar algo de la causación significante con la red tórica que se despliega a través del método freudiano de la asociación libre. [Seminario 10] Lacan construye un cuadro para atrapar a la angustia en una red de su invención, a partir de Inhibición, síntoma y angustia, de Freud. [Ver página 22 del seminario] Con Lacan, a diferencia de los llamados posfreudianos- que abordaron los afectos por el sesgo del sentimiento- y a sabiendas que hay un sentir que miente. Acuña invita a hacer pasar la pasión por el deseo para averiguar qué resto se obtiene, qué afecta como angustia, quantum pulsional freudiano, sin representación. El síntoma engaña, es un simbólico en lo real. La angustia no engaña, es un real en lo simbólico. Persiste un problema: si la retórica está hecha de modos de decir, de redes para atrapar lo múltiple, ¿cómo captar el Uno de cada uno? Verificamos que repiquetea, que insiste, al final de la clase, la pregunta inicialmente formulada en el argumento. Parece ser que en este campo no hay respuestas estándar, sino algo a resolver en el ser en la funcion de la falta como potencia de lo no realizado. IV Desangustiar Libre de la memoria y de la esperanza, ilimitado, abstracto, casi futuro, el muerto no es un muerto: es la muerte. […] Jorge Luis Borges Finalmente, con una tercera referencia a Borges, Enrique Acuña hace a la vez dos cosas: honrar la memoria de sus muertos y brindar testimonio en acto de un saber hacer frente a la angustia, ese signo señal de lo real y el deseo, un saber hacer al des-angustiar. En una mano, un arma: el poema. En la otra, una enseñanza del psicoanálisis.- Bibliografía Spinoza, B.: Ética demostrada según el orden geométrico, Gredos, Madrid, 2011. Lacan, J.: El seminario, Libros 6 El deseo y su interpretación (pág. 16) y 10 La angustia, Paidós, Bs. As., 2014 y 2006. Borges, J. L.: Obra poética, Emecé Editores, Buenos Aires, 1964. Poemas: “Baruch Spinoza”, “Spinoza” y “Remordimiento por cualquier muerte”. García Urcola, Ma. I.: “De pasiones y deseos, el psicoanálisis en el siglo”, comentario del curso de verano 2019 de Enrique Acuña. https://seminarioenriqueacuna.com/?fbclid=IwAR3_txo7JuXK73YD1EF_qxC7JnP4Hb6s41O7FHg2mTMiysU1mKRYvembBqw [1] Spinoza, B.: “El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto que es concebida como determinada a obrar por una afección cualquiera dada en ella.” Enlace permanente del comentario https://seminarioenriqueacuna.com/2019/05/15/proxima-clase-sabado-18-mayo-11-hs-austria-2153/comment-page-1/#comment-6

Se ha aprobado el comentario.Descartar

Volver

Ver entrada

Una poética del sinthoma
Una poética del sinthoma

hace 2 horas·

enriqueseminarioclinico.wordpress.com
Información de usuario

UNA RETÓRICA ATRAPA AFECTOS: LACAN CON SPINOZA
El Otro del desengaño –Seminario C.A.B.A. 2019 de Enrique Acuña

Comentario de la clase 4 de mayo de 2019

Una retórica atrapa afectos: Lacan con Spinoza

Por Verónica Ortiz

Tal la red que usó en esta oportunidad Enrique Acuña para circunscribir aquel “afecto” que implica “ausencia de la red” del lenguaje: la angustia. Aventura de funámbulo, como advertía Lacan en su décimo seminario.

Un filósofo, un poeta, un analista; red-urdimbre de saberes que dicen sobre la angustia pero que no se teje, podríamos agregar, sin un análisis.

-I-

YO PASION PULSION 1-demanda

ser 2-fantasma

Otro DESEO AFECTO 1–engaña (más-sentido) SINTOMA

objeto (a) 2-no engaña (sin-sentido) ANGUSTIA

Partimos de cuatro conceptos: pasión, deseo, pulsión y afecto. Las pasiones pueden ser las del Yo (Freud- amor, odio, ignorancia) o las del Ser (filosofía: pasiones del alma, Descartes; pasiones del ser, Spinoza).

Estas pasiones del Yo y del Ser se encuentran con algo que las gobierna desde el inconsciente, como Otro. No solo se juega la relación imaginaria al otro sino la relación simbólica al Otro, campo del deseo y de su objeto que desde la pulsión se desprende luego a un afecto que no engaña, la angustia.

Esto se conecta al concepto freudiano de pulsión, en tanto empuje. Y de ahí se causa un afecto. Del lado de la pulsión, se escribe:

1- el matema escrito en el grafo del deseo, es decir, la pulsión implica la demanda, algo del inconsciente tiende a realizarse y

2- un objeto atrapado en el fantasma.

De ahí, el afecto: la metáfora del síntoma, que engaña (+ sentido) la mentira que permite le sintoma alivia de lo real; y lo que no engaña, la angustia en tanto sin sentido.

Lacan utiliza el término de angustia como lo que no engaña, de ahí el título del seminario “Los desengañados erran” (Les nondupes errent). ¿Cuál es el Otro del desengañado? Tengamos en cuenta que el desengañado no es el que no se apasiona por nada. Se trata de otra cosa.

Todo lo articulado en el grafo del deseo muestra una red tórica, una retórica, el lenguaje. Ejemplo: un crimen pasional es explicado con frecuencia como emoción violenta, puro acto, no hay ningún sujeto. De distinto modo, como psicoanalistas siempre apelamos a que lo sucedido como hecho sea dicho: lo empirico se transforma en un relato que es una pregunta del ser en el lenguaje, sin lo cual no seríamos más que meros observadores de hechos físicos.-

-II-

Borges y Spinoza

[…] Alguien construye a Dios en la penumbra.

Un hombre engendra a Dios. Es un judío

de tristes ojos y de piel cetrina […]

[…] No importa. El hechicero insiste y labra

a Dios con geometría delicada;

desde su enfermedad, desde su nada,

sigue erigiendo a Dios con la palabra. […]

Jorge Luis Borges

Para Spinoza (recordemos que le valió la segregación de la comunidad judía debido a su “panteísmo”) Dios es una sustancia viva, una sustancia primera cuya esencia es la existencia, que tiende por la conatus– deseo como potencia a “perseverar en el ser”; a expandirse, tal como el agua se expande por naturaleza al derramarse sobre el suelo. De aquí la pregunta que formula Acuña en la argumentación del presente seminario: “¿Cómo dice cada uno de su ‘causa-cosa’ que persevera en ser desde la potencia del deseo?”.

Lo entiendo así: ¿Cómo pasar de las pasiones- presentes en la subjetividad de la época- al deseo que divide a un sujeto en su soledad? ¿Y cómo – en un movimiento de reducción- decir algo sobre el resto de la operación, el “eso” de cada uno, a pesar de que “eso” se acomode mejor al silencio?

Enrique comenta los párrafos iniciales de la tercera parte de la Ética de Spinoza, “Del origen y de la naturaleza de los afectos”. Explica que esta obra es un esfuerzo de formalización de una “geometría de las pasiones”, un intento de llevar los afectos a un orden razonable. Del afecto como pathos al matema. Con Descartes y Spinoza (y por supuesto, también con Lacan) se trata de un intento de situar la ciencia -la ilustracion, las Luces. Lo que era de Dios pasa a ser del hombre: el deseo, el uso del lenguaje como razón ilustrada.

Spinoza junta la naturaleza y lo humano en una potencia deseante común. El agua derramada se extiende según leyes universales, está regida por la conatus, habitada por un Dios deseante; es decir, el derramarse reconoce ciertas causas y se combina con otras. También el afecto humano. Será la retórica, red del lenguaje de las pasiones, el instrumento para abordar los afectos, para darles cierta inteligibilidad. De ese esfuerzo resulta, entre otras cosas, la clasificación spinoziana de afectos “alegres y tristes”, de acuerdo a si un hombre está en lo que llama “servidumbre” o si logra acceder a la “potencia del entendimiento”. Cuando el alma se considera a sí misma y considera su potencia de obrar, se alegra. (Proposición LIII).

Acuña agrega que será atravesando la servidumbre imaginaria que, al final de un análisis, alguien ceñirá, si no la potencia total de un entendimiento, sí la causa de sí, resto imposible de decir.

-III-

Borges y Lacan

[…] Libre de la metáfora y del mito

labra un arduo cristal: el infinito

mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

Jorge Luis Borges

Será el turno de un recorrido por algunos párrafos de los Seminarios 6 “El deseo y su interpretación” y el Seminario 10 “La Angustia” en los que Jacques Lacan introduce a Spinoza a la hora de referirse al deseo y estudia la angustia respectivamente como función positiva, como experiencia de un atravezamiento.

[Seminario 6] ; Acuña explica que el deseo no es solo una libido, una energía que circula entre los cuerpos, sino una potencia a realizarse, que pone en juego algo del Uno, del ser que está en cada uno. El lenguaje no solo implica la falta en ser sartreana -carencia causal- sino que es, en sí mismo, una potencia deseante.

Habíamos visto que el “bestialismo” era el nombre que Aristóteles le daba al bien de cada uno cuando no coincidía con el Bien común. De ese modo, al decir de Lacan, “los deseos son exiliados del campo propio del hombre”. Lacan ubica a Spinoza en las antípodas, como lo nuevo: “en el sentido de esa relación del hombre consigo mismo que es la del análisis tal como Freud lo constituyó.” Para Spinoza el deseo es la esencia misma del hombre, en la medida en que es concebida a partir de alguna de sus afecciones[1], dato importante, ya que de afectos se trata en su Ética.

Acuña señala en este punto un distanciamiento entre el pensar filosófico y la praxis analítica: si para la filosofía el deseo es la tendencia a procurarse un placer, el problema es que el deseo está ignorado, no es una voluntad consciente, y puede no querer su bien. En la filosofía hay un pasaje de la potencialidad hacia el acto que forcluye la causalidad inconsciente. Desconoce que alguien afectado por las pasiones de la subjetividad de su época solo podrá atrapar algo de la causación significante con la red tórica que se despliega a través del método freudiano de la asociación libre.

[Seminario 10] Lacan construye un cuadro para atrapar a la angustia en una red de su invención, a partir de Inhibición, síntoma y angustia, de Freud. [Ver página 22 del seminario]

Con Lacan, a diferencia de los llamados posfreudianos- que abordaron los afectos por el sesgo del sentimiento- y a sabiendas que hay un sentir que miente. Acuña invita a hacer pasar la pasión por el deseo para averiguar qué resto se obtiene, qué afecta como angustia, quantum pulsional freudiano, sin representación.

El síntoma engaña, es un simbólico en lo real. La angustia no engaña, es un real en lo simbólico.

Persiste un problema: si la retórica está hecha de modos de decir, de redes para atrapar lo múltiple, ¿cómo captar el Uno de cada uno? Verificamos que repiquetea, que insiste, al final de la clase, la pregunta inicialmente formulada en el argumento. Parece ser que en este campo no hay respuestas estándar, sino algo a resolver en el ser en la funcion de la falta como potencia de lo no realizado.

IV

Desangustiar

Libre de la memoria y de la esperanza,

ilimitado, abstracto, casi futuro,

el muerto no es un muerto: es la muerte. […]

Jorge Luis Borges

Finalmente, con una tercera referencia a Borges, Enrique Acuña hace a la vez dos cosas: honrar la memoria de sus muertos y brindar testimonio en acto de un saber hacer frente a la angustia, ese signo señal de lo real y el deseo, un saber hacer al des-angustiar. En una mano, un arma: el poema. En la otra, una enseñanza del psicoanálisis.-

Bibliografía

Spinoza, B.: Ética demostrada según el orden geométrico, Gredos, Madrid, 2011.

Lacan, J.: El seminario, Libros 6 El deseo y su interpretación (pág. 16) y 10 La angustia, Paidós, Bs. As., 2014 y 2006.

Borges, J. L.: Obra poética, Emecé Editores, Buenos Aires, 1964. Poemas: “Baruch Spinoza”, “Spinoza” y “Remordimiento por cualquier muerte”.

García Urcola, Ma. I.: “De pasiones y deseos, el psicoanálisis en el siglo”, comentario del curso de verano 2019 de Enrique Acuña. https://seminarioenriqueacuna.com/?fbclid=IwAR3_txo7JuXK73YD1EF_qxC7JnP4Hb6s41O7FHg2mTMiysU1mKRYvembBqw

[1] Spinoza, B.: “El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto que es concebida como determinada a obrar por una afección cualquiera dada en ella.”

La pasión del (a): carencia y potencia.

por Enrique Acuña

“La falta en ser del sujeto debe ser reconocida como el corazón de la experiencia analítica, como el campo mismo donde se despliega la pasión del neurótico”.

J. Lacan. (Escritos)

El punto de partida de nuestra hipótesis de trabajo este año es ubicar cuatro términos: Pasión, deseo, pulsión y afecto, conectados por el lenguaje para tocar lo real de la angustia.

Cuatro conceptos con relaciones lógicas a partir del uso de la palabra en tanto una red, una retórica (1). Esto supone “modos de decir” que permiten ligar las formas del otro de la cultura, con el Otro en cada Uno. Pasaje que pone en tensión el enunciado con su enunciación, la retórica de un ser hablante con el estilo que es su objeto llamado (a); un cambio que permite pasar del “Cómo” se dicen las cosas, a “Quien” habla ahi y puede responder por sus dichos.

Es un corte con lo imaginario de las pasiones del aparato retórico del Yo -amor, odio ignorancia- que activamente reprimen el deseo inconsciente que se interpreta desde el registro de lo simbólico (S) a lo real (R)

Esa relación S-R a partir del síntoma analítico bajo transferencia se dispone a decir “lo conveniente” (Spinoza) de una combinatoria como “equivocación” (Lacan) tal como sugiere en “La meprisse del sujeto supuesto saber”.

Es la paradoja de una “mentira que dice la verdad”, por lo tanto fecunda para dar sentido al deseo humano que desde Aristóteles se encuentra con el conflicto ético de una diferencia entre el Bien universal y el placer particular, dividiendo al sujeto ($). Esa fabricación de la paradoja sintomatica se realiza sobre un espacio vacío y es un artificio útil que liga a cada cual con su propia “integral de equívocos”.

La metáfora del sujeto de sustituirse y representarse con su síntoma implica una cierta mentira paradójica , cierta ficción útil que permite salir del desengaño propio del nihilismo de una época líquida y evanescente.

Entonces, el síntoma como mentira -equivoco significante- permiten otra cosa que no sea el afecto que no engaña: la angustia y su declinación en el cuerpo.

Dejarse engañar por el inconsciente en tanto creencia en una creación nueva es lo mas propio de psicoanálisis. Permite un método, un camino diferente a los trucos imaginarios de la técnica, si alguien se deja llevar por el el lapsus (lapso, espacio, vacío) que el significante cava en lo real.

Así, ante el efecto del “signo univoco” del discurso de la ciencia-capitalismo; instalamos el equivoco donde Uno se hace incauto del Otro, es decir se deja conducir por la lógica del significante para acceder a un saber de su propia causa.

En el segundo par de los cuatro, es a causa de la Pulsion y surge el Afecto de la angustia. Es la “cosa” que la pulsión recorta como objeto (a) y retorna en un signo de lo real, que no engaña en el cuerpo del goce.

La pasión del ser del neurótico (2), con la “justificación” de su padecer (que lo hace filosofo del ser a lo Leibniz, porque todo tiene causa) es una pasión por el objeto (a) en su faz de goce. Ese aferrarse al fantasma es lo que podría atravesarse para ser sustituido por un ser-en-falta: es el deseo a partir de una carencia (Sartre), y es el elogio a la histeria; pero no sin la potencia de querer realizarse en un “perseverar” , es la obstinación del obsesivo (el conatus de Spinoza).

Este nuevo lazo al Otro del desengaño por la creencia en la mentira de cada uno, permite pasar el síntoma social a una cierta soledad posible de habitar. Será lo que permite transformar el efecto de “desengaño” que causa el número en la ideología de la ciencia y el capitalismo.-

*****

(1)-García, G.: “La clínica y el lenguaje de las pasiones”. (Curso, inédito)

(2)- Miller, J.-A.: Curso Los signos de goce. (Ed.Paidós). Págs. 83-85.-

De pasiones y deseos: un comentario al Curso de E.A.

De pasiones y deseos. El psicoanálisis en el siglo

Inés García Urcola

El curso breve “De pasiones y deseos. El psicoanálisis en el siglo”, dictado por Enrique Acuña entre febrero y marzo de este año, fue la ocasión para salir del sopor veraniego que suele invadir a la ciudad en esa época, así como para la inauguración del Programa de Enseñanzas 2019 del Instituto Pragma.

Cuatro clases en las que el docente, orientado por cuatro términos –pasión, pulsión, deseo y afecto-, realizó una lectura de las referencias filosóficas en las que se sostienen dichos términos y de las que se valieron tanto Freud como Lacan desde el psicoanálisis. Una lectura marcada por el espíritu crítico, que lejos de la demostración de erudición nos permite dar paso a la argumentación en el debate actual acerca del síntoma social.

Si, como lo anunciaron Freud y Lacan, el psicoanálisis no tiene su porvenir asegurado, es necesario pensar qué política conviene poner en juego en la ciudad. El docente señaló la inscripción de Freud y Lacan en el debate de las luces, aquel que comienza con el nacimiento de la ciencia y mantiene su actualidad. Más allá del marketing que impone sus significantes amo, se trata de leer el síntoma social primero, para luego dar lugar a la explicación y argumentación.

Para introducir el tema Enrique Acuña se refirió al legado de Germán García a partir del curso dictado en el Centro Descartes en el año 2000 sobre “La clínica y el lenguaje de las pasiones”. No se puede estar apasionado si no es por la vía del lenguaje, el lenguaje moldea las pasiones a través de una retórica, en Freud bajo el modo de los mecanismos de defensa, en Lacan en los tropos del lenguaje. En esta dirección es que podemos hablar de formas retóricas de las pasiones o de las pasiones como formas retóricas con las que se viste la pulsión. Se podría así hacer una serie en la que encontramos una pasión política ligada a la pulsión oral, una pasión religiosa ligada a la pulsión invocante o una pasión amorosa ligada a la pasión escópica.

Por otro lado, hablar del lenguaje de las pasiones permite salir de una concepción de la pasión como mecanismo de un cuerpo emocional, que respondería a un estímulo externo sin mediación del lenguaje -por ejemplo en los argumentos de emoción violenta vinculados al discurso jurídico o de una clínica de las impulsiones basada en el condicionamiento de las conductas y el binomio cerebro mente- para introducir otra causa, ya no externa sino externa-interna o éxtima. Así la pasión se conecta con el trauma, como aquello que afecta y produce como efecto la división del sujeto, que ante la señal de angustia pone en marcha los mecanismos de defensa freudianos que a su vez moldearán las pasiones. Freud, en el debate de la ciencia que toma el estímulo-respuesta, introduce la posibilidad de una clínica de las pasiones que apunta al deseo inconsciente.

El curso breve planteó un recorrido por las referencias filosóficas que implican las nociones de pasión, afecto y deseo, subrayando que el cuarto término –la pulsión- es estrictamente freudiano.

Pasión                   Pulsión

Lenguaje

Deseo                   Afecto

Entonces el debate de las luces y el surgimiento, con Descartes, de un sujeto dividido entre red extensa y red cogitans. En el Tratado de las pasiones del alma Descartes habla de la pasión del deseo como una “agitación del alma causada por los espíritus que la disponen a querer para el futuro cosas que se representan como convenientes”. Lo conveniente, tanto en Descartes como en Spinoza es pensado en términos de composición social. Pero Spinoza no planteará las pasiones en relación al cuerpo o al alma sino a la naturaleza de Dios, entendida como sustancia que se encuentra en cada una de las cosas.

El llamado por algunos “panteísmo” del filósofo que fue excomulgado de la religión judía no refiere a un Dios en el cielo sino a una naturaleza de las cosas, causa sui, el deseo como potencia o conatus. Hay una sustancia primera cuya esencia es la existencia, deseo de ser, de perseverar en el ser. Esa sustancia tiende a realizarse como un ser con atributos o modos del cuerpo y el alma. Estos modos del cuerpo y el alma a su vez pueden atribuirse a una causa externa o a una causa de sí. En el primer caso lo que se engendra son las pasiones tristes, en las que se sufre la causa del otro, se está en la servidumbre, se pierde la libertad y se debilita la potencia. En el segundo caso tenemos las pasiones alegres, en las que la causa del otro se vuelve causa de sí, se trata del gay saber o la alegría de tener razones para mi causa. Con esta orientación se podría poner a las pasiones ligadas a un yo que padece versus la operación que, en la experiencia analítica, permite ir al deseo inconsciente como lo que persevera en el ser, lo no realizado.

Enrique Acuña señalará cómo, en su Ética demostrada según el orden geométrico, Spinoza propone un esfuerzo de formalización de una geometría de las pasiones que permita la posibilidad de que ese cuerpo y alma, de acuerdo a su dispositio, se encuentre con lo que, como decíamos anteriormente, le conviene.

De estas consideraciones se pueden desprender diversos debates, preguntas y respuestas. Por subrayar solo algunos de los desarrollados en el curso y que quedaron resonando podríamos hablar del camino que propone Spinoza hacia el deseo como causa de sí y vinculado a un saber alegre, en relación al viaje de la conciencia propuesto por Hegel desde la conciencia de sí hacia un saber absoluto atravesado por la idea del deseo como deseo de deseo. En un análisis este viaje hegeliano implicaría ir de las pasiones del yo al deseo como deseo del Otro.

Así mismo la confrontación del deseo como potencia al deseo como carencia sartreano fue otra referencia tomada por el docente que nos permite pensar un pasaje en Lacan de la carencia del ser a un inconsciente no realizado, y al concepto de repetición –tyché y automaton-  ligado al buen o mal encuentro.

Por último creo importante destacar brevemente que a lo largo del curso se mostró una  operación que realiza Lacan sobre las referencias filosóficas. Tanto en Descartes como en Spinoza, Hegel y Sartre se trata de un recorrido en el que “lo que conviene” implica a la composición social. El psicoanálisis verifica en su práctica que el goce de cada uno no es democrático, que hay un sujeto que decide, aunque se trate de una decisión paradójica, qué lo afecta. El camino del análisis implica ir de la retórica de las pasiones en las que el sujeto se satisface, hacia un saber como dispositio en cuyo límite se halle la singularidad, donde el parletre o serdiciente se realice en un decir en el que invente un significante nuevo.-

Argumentación

Si podemos, pues, ser causa adecuada de algunas de estas afecciones, entonces entiendo por afecto una acción; de lo contrario, una pasión. Baruch Spinoza

La experiencia de la angustia, tal como se presenta hoy en el mundo de la ciencia y el capitalismo -es decir en los discursos desengañados del lenguaje-, interesa al psicoanálisis en tanto es eficaz para captar lo real en un sujeto que padece ese “afecto que no engaña”.

Partimos de la configuración freudiana con respecto a las “pasiones del ser”, el amor, el odio, la ignorancia; como formas de acción del Yo en la cultura que es necesario hacer pasar a otras formas retóricas del lenguaje: ¿cómo dice cada uno de su “eso” que persevera en ser?.

Esas pasiones bien descritas por la filosofía -de los griegos a los modernos- encubren el “deseo” inconsciente, base del descubrimiento freudiano de las pulsiones y su corolario en los afectos.

Entonces, por el lenguaje y en clave de una causa significante se modulan estos cuatro términos:

pasiones pulsiones

deseos afectos

Desarrollaremos esta secuencia al considerar la falta-en-ser como causa de una carencia (Hegel y Sartre) o de una potencia (Spinoza, Lacan). Secuencia demostrativa de un “ser del lenguaje” que viaja del cuerpo al alma juntándose por su reverso.

Así, el inconsciente es una potencia de lo no-realizado del deseo. Empuja en la demanda pulsional, causando efectos de división sobre quien habla, el ser diciente que sufre la angustia hasta formularla en la pregunta por ¿quien soy?. Esa es la cuestión dirigida desde el ser al sujeto, que responde con un enigma que parece una mentira en el síntoma analítico.

De ese modo la experiencia analítica trata la angustia y es una posibilidad del decir sobre la potencia del de-ser. Tratamiento por una articulación simbólica sobre lo real, entre las pulsiones y a sus afectos. También es una oportunidad para salir de la errancia de los no-engañados por el lenguaje y orientarse por el sentido de su ex-sistencia al dejarse engañar por su pregunta.-

Enrique Acuña

Bibliografía inicial:

-Descartes, René. : Tratado de las pasiones del alma.

-Spinoza, Baruch: Etica demostrada según el orden geométrico.(Cap.III: “Del origen y de la naturaleza de los afectos”)

-Hegel, F.: La fenomenologia del espíritu. (Cap. V .”Certeza y verdad de la razón”)

-Freud, Sigmund. : Psicologia de las masas y analisis del yo.

-Lacan, Jacques. : El Seminario. Libro X , La angustia .

-García, Germán: “La clínica y el lenguaje de las pasiones”. (Curso inedito).-